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San Isidro Labrador o el yoduro de plata.

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CAMINANTE

Toño Martinez

No cabe duda que contrario a la creencia popular, no todo cambio es para mejorar y lo que está sucediendo con el desquiciamiento del clima lo confirma dramáticamente, al tener que recurrir al bombardeo de nubes con yoduro de plata para que llueva. Estamos forzando procesos espontáneos buscando remediar el daño y las consecuencias de lo que provocamos y seguimos depredando.
Dónde está la lógica.
No sé trata de menospreciar la ciencia ni la tecnología para restaurar, sino de que su aporte es mínimo frente al nivel de lo perdido.
¿Que no existen otras alternativas?
La historia humana y sus culturas nos dicen que si es posible armonizar las cosas para equilibrar la naturaleza si recurrimos a capacidades ocultas, escondidas.
Desde épocas temitas cuando las lluvias no llegaban bastaba con acciones de fe y espiritualidad.
La gente del campo y de los pueblos tenían rituales no de magia, hechicería ni artes oscuras sino de comunión con la divinidad y la naturaleza ; los pueblos originarios oraban, saliera en procesión por calles y caminos con la imagen de santos como San Isidro Labrador, el santo dual para pedirle que enviara la lluvia. ( también para que la quitara. cuando se le pasaba la mano)
Crónicas abundan sobre como con ese acto de devoción se generaba una misteriosa interconectividad de energías que portamos los seres humanos y que llamamos fe, y la energía divina y el objetivo se lograba.
Llovía tanto que ríos y arroyos desbordaban.
Ocurría igual con la confianza ciega que se tenía en San Pedro y San Juan de cuya respuesta no se dudaba.
Entre los pueblos originarios de México los aztecas y otras culturas rendían culto a Tlaloc dios de la lluvia y en diversas tribus se practicaban rituales como la “Danza de la Lluvia’ cuando las sequías amenazaban su supervivencia.
Estás mismas prácticas eran comunes en Egipto, la tribu Cherokee de Estatus Unido, los Mayas, Incas y mas por ejemplo.
La energía era la misma, poderosa e intangible, la fe.
Ciencia y metafísica están coincidiendo en que la fe es una fuerza positiva, es energía pura que poseemos los seres humanos e irradia el cuerpo de cada persona; especialmente cuando se inspira en Dios un santo, una Virgen o un icono sagrado; es capaz de producir milagros y sucesos inexplicables pero reales como solución a calamidades o problemas de salud extrema; la fe crea y materializa cosas.
Lamentablemente el progreso material a venido sepultando las creencias populares que funcionaban.
El bombardeo de nubes tiene apenas una efectividad de un 35% a un 50. Pero no hay garantía de que llueva en los lugares programados debido a que las nubes son arrastradas por las corrientes del aire y dejan caer su contenido en sitios distintos cómo a ocurrido en Nuevo León, Sinaloa, Tamaulipas y otros estados donde se utilizo.
En San Luis Potosí el Gobierno Estatal de Ricardo Gallardo Cardona comenzó a bombardear nubes en las cuatro regiones como una posibilidad de frenar la crisis hídrica que seca las fuentes de agua y se agudiza día a día.
El plan es aportar humedad a 2 millones de hectáreas de tierras agrícolas.
El intento no se cuestiona pero es una sala fa ” mejoralito” no de terapia restaurativa.
Se presta poca atención a fundamentales como es la recuperación de bosques pero en firme no con intenciones políticas.
Está comprobada la relacion bosque atmósfera para producir lluvia; el vapor que despide el árbol, igual que pasa con los océanos, se eleva forma nubes, se condensa, enfría y se convierte en lluvia.
Vamos a los datos:
Desde principios del siglo XXI a la fecha se han perdido 411 millones de hectáreas de masa forestal mientras que en México el promedio anual entre 2001 al 2021 es de 208, 850 hectáreas por año.
Ahora, cuando el progreso destruye prácticas ancestrales y religiosas sobre el clima, se vale el comparativo entre fe y ciencia para buscar soluciones, pero sobre todo reflexionar en que por más que energías divinas nos ayuden, somos los humanos quieres debemos cambiar esa compulsión a destruir nuestros recursos naturales, de romper los lazos inmateriales entre las potencias que siguen estando en nosotros y  la divinidad.

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