Trabajar y seguir siendo pobre: la otra cara de la crisis argentina

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Los trabajadores argentinos la tienen difícil. Para muchos, llegar a fin de mes es prácticamente una odisea, y cada vez reducen más gastos para pagar aquellas necesidades imprescindibles, como la vivienda, la comida o el transporte. Así, en medio de la crisis, la ‘pobreza laboral’ del país sudamericano registra números preocupantes.

Las mediciones de la Universidad Católica Argentina (UCA), muy tenidas en cuenta por diversos frentes políticos y sociales, reflejan desde el 2010 cómo viven las personas activas. Y nunca se obtuvieron cifras tan altas como en el 2021: el 28,2 % de los trabajadores ocupados mayores de 18 años, es pobre. En otras palabras, casi tres de cada diez tienen un presente crítico.

Si se analiza el período histórico de los estudios, se comenzó con un 17,6 % de precariedad en el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner, que bajó a 11,5 % en el 2012. Durante la desaceleración económica del último tramo de su administración, el número aumentó al 15,7 % en el 2015. Entre 2017 y 2019, bajo el Gobierno de Mauricio Macri, la pobreza de los trabajadores casi se duplicó, marcando un 27,2 % hacia el final de su gestión. Y ya bajo el actual liderazgo de Alberto Fernández, impactado por la pandemia, se subió un punto porcentual en los últimos años.

«Los saltos, desde el 15,5 % del 2017, al 20,5 % del 2018 y 27,2 % del 2019, se explican casi enteramente por el deterioro salarial que hubo en Argentina», le dice a RT Santiago Poy, uno de los autores del informe. Esto se debe a que en los últimos tiempos la inflación creció más que los sueldos, disminuyendo la capacidad de consumo de la población. Esa grave situación no se pudo revertir, y empeoró levemente en el contexto de emergencia sanitaria, pese a los recientes signos de recuperación de la actividad.

«Estamos en la mayor crisis económica desde el 2001. Tiene otra escala, otra magnitud, pero igual es muy fuerte», subraya el entrevistado. Lógicamente, los trabajadores marginales se llevan la peor parte: los gráficos muestran que entre los informales, el 37,6 % es pobre. En el empleo público, hay un 22,7 %, y en el sector formal privado, un 16 %. «El problema es que tenemos un segmento secundario y marginal muy grande, casi el 50 % de toda la fuerza de trabajo está operando en la ‘extra legalidad’, con empleos no registrados, y sin cobertura social», acota.

Así, mientras los trabajadores ‘en blanco’ reciben un monto salarial acordado entre el sindicalismo, el Estado y las empresas –que muchas veces no cubre ni la canasta básica familiar–, en la informalidad rige la antigua y siempre vigente ley de oferta y demanda: «En general, si hay más oferta de fuerza de trabajo, la variable de ajuste es el ingreso», afirma Poy. Asimismo, las dificultades para crear empleo formal podrían motivar que aumente el número de trabajadores ‘en negro’: «Es muy probable que ese sector tenga dificultades para recomponer ingresos», advierte.

La mitad de los trabajadores pobres recibe asignaciones del Estado

«La pandemia trajo cosas más novedosas, porque también hubo pérdidas de empleos en los hogares de trabajadores», remarca el sociólogo. Es decir, además de la caída en las remuneraciones reales, debe considerarse la pérdida de ingresos totales que hubo en las casas argentinas.

En ese marco, persiste una situación de dependencia estatal. Este año, el 24,5 % de las personas activas vive en hogares que reciben transferencias de políticas sociales, como la Asignación Universal por Hijo (AUH) o la tarjeta Alimentar, según los números de Poy. Entre los trabajadores pobres, el 52,6 % recibe planes sociales. Argentina, pese a las deudas que debe afrontar, simplemente no puede recortar este gasto público, que incluso la administración conservadora de Macri sostuvo en grandes magnitudes.

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