Solo conocen el Zacahuil de las vías

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Resulta incomprensible, absurdo e incongruente, el que después de una década de que se creó el Instituto de Desarrollo Humano y Social de los Pueblos y Comunidades Indígenas, esta dependencia del gobierno del estado todavía se encuentre despachando en el centro de la capital potosina.

Muchos directores o directoras de esta entidad pública han pasado por ahí portando indumentaria milenaria. Otros, presentándose en sociedad como integrantes de la comunidad indígena y, algunos, de plano sin ocultar nunca su apariencia intelectualoide, con ojo verde y un rubio mestizo que ni Padre Dios se las quitará.

Actualmente la comunidad indígena en el estado de San Luis Potosí representa el 9 % de la población total, – es decir, todavía existen y sobreviven poco más de 232 mil ciudadanos potosinos que viven y se desenvuelven en su inmensa mayoría en pobreza lacerante y extrema. Lamentablemente muy pocos hablan y se preocupan de ello. A ver si el tal Filemón lo hace.

Indudablemente que la comunidad Nahuatl, Tenek y Xio Oui o Pame son las culturas étnicas predominantes en las regiones Huasteca y Media del estado potosino. Otras han emigrado a esta entidad, sin embargo, son poco representativas en presencia numeral, aunque no menos importantes.

Los indígenas Mazahuas, por ejemplo, lograron prosperara un juicio político en contra del hasta hoy todavía alcalde Xavier Nava por el hecho de haberlos excluido de la consulta para la integración del Plan Municipal de Desarrollo y por la violación sistemática a sus derechos humanos.

Pero bueno, el tema es que aún no se explica la presencia en la capital del estado de una dependencia que, por sentido común, lógica y justicia elemental, debería estar asentada y atendiendo directamente en el corazón de la zona indígena. Por lo menos en Ciudad Valles que representa una municipalidad cercana, importante y proveedora de servicios.

Si alguien hiciera un ejercicio o realizara una encuesta sobre cuantos ciudadanos de la comunidad indígena saben de la existencia de esta dependencia, apuesto doble contra sencillo que sería una minoría extrema. La comunidad indígena no solo requiere de la asistencia social, educativa, económica o de salud que esta institución subjetivamente les ofrece.

Para empezar ni los recursos ni las facultades tienen para hacerlo. Los presidentes municipales o los líderes de las comunidades indígenas tienen que hacer fila para vida de que les hagan el favor de integrarlos a los programas institucionales que manejan la SEDESORE, la SSA, el DIF, la JEC, la SEGE y otras, con la esperanza de que les llegue algún recurso, apoyo o programa.

Si preguntan en las comunidades apartadas sobre la existencia del Instituto para el Desarrollo de los Pueblos y Comunidades Indígenas, vuelvo a apostar a que lo desconocen. La comunidad étnica lo que sabe es que no tienen ingresos suficientes, que no hay dinero para sobrevivir, que tienen piso de tierra, que carecen de drenaje, energía eléctrica y agua potable y que sus hijos no pueden completar el ciclo escolar por falta de computadoras.

Si el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, ya decidió que su nuevo director sea Filemón Hilario Flores, expresidente municipal de Tampacán, está bien, porque este hombre es un verdadero indígena. El siguiente paso, es ponerlo a chambear allá, en la Huasteca, con toda esa bola de burócratas que solo conocen los bocoles y el zacahuil que venden los domingos en las vías.

Hasta luego