Rueda de prensa semanal sobre la situación de COVID-19 en la Región de las Américas

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Al 24 de agosto, se han registrado más de 12,5 millones de casos y casi 450,000 muertes por COVID-19 en la Región de las Américas.

Estados Unidos, Brasil, Colombia, Perú, Argentina y México se mantienen entre los diez países con mayor número de casos a nivel mundial.

Nos hemos ido acostumbrado al impacto de esta pandemia. Y es posible que las cifras que se informan, semana tras semana, nos estén tornando un tanto insensibles. Sin embargo, no podemos tener una actitud pasiva ante estas devastadoras pérdidas humanas. Debemos dar seguimiento a los datos y usarlos para guiar nuestra respuesta.

La Región de las Américas cuenta con uno de los sistemas de vigilancia más sólidos del mundo, resultado de nuestra larga trayectoria en la lucha contra las enfermedades infecciosas y la profunda colaboración entre los países.

Desde que comenzó la pandemia, la OPS ha estado trabajando con las autoridades de salud en todos los niveles para rastrear los datos sobre la COVID-19 y tener una imagen más clara de nuestros puntos fuertes y nuestras brechas en la lucha contra la pandemia.

La OPS utiliza estos datos para ayudar a los Estados Miembros a adaptar y ajustar su respuesta de salud pública para combatir el virus. Analizamos los datos a lo largo del tiempo para comprender mejor cómo se propaga el virus, por qué afecta a algunas personas más que a otras y qué funciona mejor para detenerlo.

Hoy, me gustaría comentarles algunas observaciones a partir de los datos más recientes disponibles, ya que brindan una idea de dónde estamos y hacia dónde vamos en la Región.

Comenzaré con algunas cosas que me preocupan.

En las últimas seis semanas, se ha duplicado el número de muertes en nuestra Región y se ha más que duplicado el número de nuevas infecciones por COVID-19 notificadas, pasando de 5,3 millones al 1 de julio a más de 12 millones de casos al día de hoy.

Cuando los datos muestran una tendencia en esa dirección, esto generalmente indica la necesidad urgente de implementar medidas de salud pública para frenar la propagación de la COVID-19, como el distanciamiento social, el aislamiento y las restricciones de las reuniones públicas.

Sin embargo, durante ese mismo período, sucedió todo lo contrario. Los países han relajado gradualmente las restricciones, han reanudado el comercio y algunos se están preparando para regresar a la escuela.

En demasiados lugares, parece haber una desconexión entre las políticas que se están implementando y lo que nos dicen las curvas epidemiológicas.

Esto no es una buena señal. Desear que el virus desaparezca no funcionará, esto solo dará lugar a más casos, como hemos visto en las últimas seis semanas.

De hecho, las autoridades de salud locales desempeñan una función fundamental en la generación y el análisis de datos para ajustar las medidas de salud pública a la realidad de cada lugar.

También me preocupa la incidencia desproporcionada de la COVID-19 en las personas más jóvenes.

Nuestros datos muestran un patrón similar en toda la Región: la gran mayoría de los casos notificados se están dando en personas que tienen entre 20 y 59 años. Sin embargo, casi el 70% de las muertes ocurren en personas mayores de 60 años. Esto indica que las personas más jóvenes están impulsando principalmente la propagación de la enfermedad en nuestra Región.

Es posible que muchos jóvenes que contraen el virus no se enfermen ni necesiten una cama en la UCI, pero pueden contagiar a otros que sí se encuentren en esa situación.

Este es un claro recordatorio de que derrotar a la COVID-19 es una responsabilidad compartida, no solo entre los países y las regiones, sino también entre las personas, los vecinos y las comunidades.

Si no tomamos todos las medidas adecuadas para mantenernos a salvo, estamos poniendo a otros en peligro.

Finalmente, quiero transmitir mi preocupación por el número de nuevas infecciones en el Caribe. Durante los primeros meses de la pandemia, prácticamente todos los países y territorios insulares del Caribe habían podido evitar tener brotes importantes gracias a una firme determinación política y una combinación inteligente de medidas de salud pública.

Pero ahora que se están reanudando los viajes aéreos no esenciales en toda esta región, varios países están notificando picos en el número de casos.

Hace dos semanas, Bahamas observó un aumento del 60% en comparación con la semana anterior, y San Martín, Trinidad y Tabago y las Islas Vírgenes de Estados Unidos informaron un aumento del 25%. Esto no es consecuencia solamente del turismo, sino que se debe también a los ciudadanos que regresan a su hogar después de las restricciones.

Sabemos que los países que dependen del turismo no pueden permanecer cerrados indefinidamente, pero a medida que reabren, deben utilizar todos los recursos disponibles para reducir el riesgo para su población.

También hay algunos indicios alentadores en los datos, una prueba de que los países tienen las herramientas para reducir la propagación de la COVID-19 y salvar vidas.

Una de las estrategias más efectivas que tenemos es la localización de contactos.

A pesar de que ahora está teniendo que hacer frente a un mayor número de casos, Bahamas está trabajando para detener la cadena de transmisión mediante la localización de contactos, de manera de detectar todos los casos nuevos y limitar la propagación del virus.

Argentina, Guatemala y Suriname también pudieron mantener baja la transmisión desde un comienzo. Esto les dio tiempo de preparar a sus sistemas para este momento, y han desarrollado la capacidad necesaria para detectar los casos y localizar a las personas que puedan haber estado expuestas.

Dominica utilizó su enfoque de larga data de atención primaria de salud y su primer nivel de atención bien establecido para promover y apoyar las medidas de salud pública, y garantizar la aplicación intensiva de medidas como la localización de contactos, la cuarentena, la detección y el aislamiento.

Hay otros ejemplos que muestran que las estrategias adecuadas pueden torcer la curva de la pandemia.

Hace muy poco, en junio, el número de infecciones en Chile estaba aumentando rápidamente. Las autoridades nacionales analizaron los datos y adaptaron su enfoque: expandir drásticamente las pruebas, aislar los casos y poner en marcha órdenes para quedarse en casa en las zonas más afectadas.

Esto funcionó. Desde hace seis semanas, Chile ha visto como la COVID-19 pierde fuerza y está notificando menos casos.

Costa Rica tenía poca transmisión cuando se implementaron las órdenes de quedarse en casa y aprovechó la oportunidad para prepararse, ampliando la capacidad de hacer pruebas y de atención en los hospitales. Aunque ahora hay nuevos casos, sus servicios de salud pueden manejarlo de manera adecuada.

Estos ejemplos demuestran que, si empleamos enfoques basados en la evidencia, eventualmente podremos superar esta crisis, incluso en lugares donde los casos están aumentando.

Este virus estará con nosotros por algún tiempo. Sin una vacuna, estará con nosotros durante años. Esta no será una guerra que ganaremos en una sola batalla, sino que serán muchas las batallas que deberemos librar.

Es por eso que debemos aplicar las enseñanzas de los lugares donde se ha logrado controlar el virus y dejar que los datos guíen nuestras acciones.

No podemos detener la transmisión por completo, pero si los países se mantienen atentos y amplían las pruebas y la vigilancia, pueden detectar mejor los picos en el número de casos y actuar rápidamente para contenerlos antes de que se descontrole la situación. Para ello, la atención primaria de salud debe estar en el centro de la respuesta: detectando los casos, actuando para contener la transmisión y brindando atención oportuna en la comunidad.

Hoy en día contamos con buenas herramientas: datos que muestran dónde están las zonas con mayor incidencia, protocolos de localización de contactos para que la transmisión sea menor y medidas de salud pública para reducir el riesgo de exposición.

Tendremos herramientas aún mejores en el futuro: pruebas mejoradas, tratamientos más efectivos e incluso vacunas.

Los gobiernos locales y nacionales deben usar de manera estratégica estas herramientas, tanto las antiguas como las nuevas, para lograr el impacto deseado.

No tienen que hacerlo solos. La OPS ha formulado criterios para guiar a sus Estados Miembros y trabaja en estrecha colaboración con los responsables de formular políticas para ayudarlos a equilibrar las medidas de salud pública con las realidades económicas.

Como he dicho antes: una economía saludable requiere una población saludable.

No solo es posible implementar medidas sólidas de salud pública junto con las políticas sociales y económicas, sino que es necesario que lo hagamos así para permitir que los países funcionen de manera segura mientras dure la pandemia.

Estamos en esto a largo plazo, por lo que debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para salvar vidas a la vez que mantenemos fuertes a nuestras sociedades.

con información de PAHO