Durante la jornada electoral del martes, se determinará qué partido tendrá la mayoría en las dos cámaras legislativas durante los siguientes dos años y los resultados perfilan las presidenciales de 2028
Este martes 3 de noviembre, Estados Unidos celebra sus elecciones intermedias en donde tendrá que renovar gran parte de su Congreso.
A estos comicios se les conoce como “midterm elections”, y se llevan a cabo cada dos años, justamente a la mitad del periodo presidencial, permitiendo a los estadounidenses renovar a sus representantes en el Congreso.
Estos comicios determinan qué partido tendrá la mayoría en las dos cámaras durante los siguientes dos años y este año los republicanos tienen el riesgo de perder su influencia.
Adicionalmente a las elecciones legislativas, en algunos estados también se elige a un nuevo gobernador.
Las elecciones intermedias sirven como termómetro para medir el apoyo o rechazo por parte de los estadounidenses respecto de las políticas de gobierno, por lo que la popularidad de Donald Trump será medida este próximo 3 de noviembre.
¿Qué tienen que elegir los estadounidenses?
Los electores deberán elegir los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 del Senado y 36 gubernaturas estatales, en una jornada que podría modificar la composición política en Washington y dificultando el mandato del presidente Donald Trump.
En la Cámara de Representantes, los demócratas sólo tendrían que ganar cuatro escaños en total para hacerse con la mayoría, con 218 diputados. Eso afectaría muchísimo las políticas e iniciativas que Trump envié al Congreso.
De las 435 elecciones, sólo en pocos distritos el resultado sigue considerándose totalmente abierto. Entre ellas se encuentran los distritos de Iowa, Virginia y Montana.
¿Qué pasaría si ganan los demócratas?
Si los demócratas recuperan la mayoría en la Cámara de Representantes, podrán bloquear parte de la agenda presidencial, controlar comisiones e intensificar las investigaciones sobre el gobierno.
La oposición tampoco descarta utilizar su eventual mayoría para someter a Trump a un nuevo juicio político, como ya hizo en dos ocasiones durante su primer mandato, aunque una destitución sería muy improbable por las amplias mayorías necesarias para lograrla.
El cambio de mayoría en el Senado se presenta más complicado, ya que solo se renueva un tercio de sus escaños y los demócratas necesitarían conservar los que tienen y arrebatar al menos cuatro a los republicanos en estados decisivos.
La Cámara Alta desempeña un papel clave, entre otras cuestiones, en la política exterior y en la confirmación de los nombramientos presidenciales para el gabinete y el Tribunal Supremo.
La pérdida de una o ambas Cámaras convertiría a Trump en lo que en el argot político de Washington se conoce como un “pato cojo”: un presidente que, al no poder optar a la reelección, afronta la recta final de su mandato con una capacidad de influencia mermada.
Tras las legislativas, además, podrían empezar a perfilarse los aspirantes republicanos a sucederlo en las elecciones presidenciales de 2028, con el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, entre los principales favoritos.
Sin embargo, dado el carácter de Trump, resulta difícil imaginar que afronte esa etapa con un perfil bajo; por el contrario, la imposibilidad de buscar un tercer mandato podría hacerlo sentir más libre para redoblar la confrontación con el Congreso y la oposición.
En cualquier caso, la pérdida de mayorías legislativas no le arrebataría sus atribuciones presidenciales: Trump conservará intactos sus poderes constitucionales hasta el final de su mandato, el 20 de enero de 2029.
Con información de Latin Us




