Los latinos abrazaron la franja fronteriza

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LO QUE VERDADERAMENTE IMPORTA

Por Mtra. Fanny Elizabeth Omaña Castellanos Periodista | Especialista en Derechos Humanos | Educadora

Hay fronteras que se dibujan sobre los mapas y otras que se levantan en la conciencia de los pueblos. Las primeras se vigilan con muros, soldados y garitas; las segundas se construyen con recuerdos, necesidades, raíces y decisiones. El 3 de noviembre del año en curso, durante las elecciones intermedias de Estados Unidos, ocurrió algo que merece observarse más allá de los triunfos y las derrotas partidistas: comunidades de la franja fronteriza con México, que apenas dos años atrás habían respaldado a Donald Trump, modificaron significativamente el sentido de su voto.

La frontera no cambió de lugar. Cambiaron las preferencias electorales de muchos de sus habitantes. Y con ello surgió una pregunta que trasciende las disputas entre republicanos y demócratas: ¿qué sucede cuando las promesas de quienes gobiernan se enfrentan con la realidad cotidiana de las comunidades que depositaron su confianza en ellos?

Antes de continuar, es indispensable precisar que este análisis se sustenta en resultados electorales preliminares disponibles hasta el 5 de noviembre de 2026, así como en investigaciones periodísticas publicadas después de la jornada electoral. Las cifras todavía pueden modificarse conforme concluyan los cómputos y se certifiquen oficialmente los resultados. No obstante, las tendencias registradas permiten identificar un desplazamiento significativo de las preferencias electorales en diversos condados de mayoría latina, particularmente en la franja fronteriza de Texas con México.

En noviembre de 2024, Donald Trump consiguió avances importantes en territorios texanos tradicionalmente vinculados con el Partido Demócrata. Condados como Cameron, Hidalgo y Webb, donde se encuentran Brownsville, McAllen y Laredo, respectivamente, respaldaron al candidato republicano. Aquellos resultados fueron interpretados como una transformación del comportamiento político de comunidades mayoritariamente hispanas, especialmente porque las propuestas de seguridad fronteriza y endurecimiento migratorio encontraron respaldo entre sectores de una población estrechamente vinculada con México.

Sin embargo, dos años después, el panorama electoral mostró un movimiento en sentido contrario. De acuerdo con un análisis publicado el 4 de noviembre por The Texas Tribune, el candidato demócrata al Senado, James Talarico, obtuvo la mayoría de los votos en nueve condados fronterizos que habían favorecido a Trump en 2024. En el conjunto de los 16 condados fronterizos de Texas, su ventaja se aproximó a 45 puntos porcentuales, según los resultados no oficiales de Associated Press. The Texas Tribune

El cambio adquiere mayor relevancia cuando se observa la participación ciudadana. En esos mismos 16 condados, la tasa de participación electoral aumentó más de ocho puntos porcentuales respecto de las elecciones intermedias de 2022, de acuerdo con los datos preliminares examinados por medios texanos. No se trató únicamente de un cambio en las preferencias partidistas; también hubo una mayor presencia de ciudadanos en las urnas. KPRC

Una investigación de Reuters, publicada este 5 de noviembre, encontró que en 64 condados de mayoría latina, donde se celebraron elecciones al Senado y los resultados estaban prácticamente completos, la proporción de voto republicano disminuyó 14 puntos porcentuales respecto de la elección presidencial de 2024. En Hidalgo, Texas, la caída fue cercana a 25 puntos. Aunque la comparación corresponde a procesos electorales distintos y no permite determinar individualmente cómo votó cada ciudadano latino, sí muestra la magnitud del cambio territorial registrado. Reuters

Pero los números, por sí solos, no explican lo ocurrido. ¿Qué llevó a comunidades que habían respaldado las propuestas republicanas a modificar sus preferencias? ¿Fue una reacción frente a las políticas migratorias, una inconformidad económica o una combinación de circunstancias que terminaron por modificar las prioridades de los electores?

Las respuestas requieren prudencia. Investigadores consultados por The Texas Tribune señalaron que el costo de vida, las expectativas económicas y los efectos locales de las operaciones migratorias contribuyeron al descontento. Álvaro Corral, politólogo de la Universidad de Texas en el Valle del Río Grande, explicó que las acciones de las autoridades migratorias también repercutieron en actividades productivas, particularmente en la construcción. En otras palabras, las decisiones adoptadas en materia de inmigración pueden tener consecuencias económicas para comunidades enteras, independientemente de la situación migratoria de cada uno de sus habitantes. The Texas Tribune

Aquí aparece una contradicción que merece examinarse. Durante décadas, la frontera entre México y Estados Unidos ha ocupado un lugar central en los discursos políticos estadounidenses. Para algunos sectores representa una cuestión de seguridad nacional y control migratorio; para otros constituye también un espacio de intercambio comercial, convivencia cultural y relaciones familiares que difícilmente pueden comprenderse desde una perspectiva exclusivamente territorial.

Y es que la frontera no solamente separa dos países. También conecta comunidades que comparten historias, actividades económicas, tradiciones y vínculos familiares. Lo que ocurre de un lado repercute, de distintas maneras, en quienes habitan el otro. Una decisión migratoria puede alterar la actividad de una empresa, modificar las condiciones laborales de una comunidad o afectar la estabilidad de familias que han construido su vida entre dos naciones.

Desde la perspectiva de los derechos humanos, el debate exige reconocer que los Estados tienen facultades legítimas para regular sus fronteras y aplicar sus leyes migratorias. Sin embargo, esas atribuciones deben ejercerse con respeto a la dignidad humana, al debido proceso y a las garantías fundamentales. La seguridad nacional no debería convertirse en argumento para desconocer derechos, de la misma manera que la protección de las personas migrantes no elimina las responsabilidades legales de los gobiernos.

Pero sería un error atribuir el cambio electoral exclusivamente a la inconformidad con las políticas migratorias. Las comunidades latinas no constituyen un bloque político homogéneo. Entre sus integrantes existen distintas posiciones sobre economía, seguridad, religión, inmigración y políticas sociales. Muchos ciudadanos estadounidenses de ascendencia mexicana y latinoamericana mantienen posturas conservadoras, mientras otros se identifican con propuestas progresistas o prefieren evaluar individualmente a los candidatos.

Tampoco puede ignorarse el trabajo de organización comunitaria que acompañó estas elecciones. En el Valle del Río Grande, la organización LUPE Votes, vinculada con La Unión del Pueblo Entero, desarrolló una campaña de movilización que, según sus responsables, incluyó visitas a 90 mil puertas y contacto con más de 100 mil personas. Su objetivo fue acercarse especialmente a ciudadanos que votaban con poca frecuencia o que no habían participado anteriormente. Aunque esas cifras no permiten medir por sí solas el efecto electoral de la campaña, muestran que detrás de los resultados también existieron esfuerzos organizados para promover la participación ciudadana. The Texas Tribune

Este elemento resulta fundamental porque la democracia no comienza ni termina cuando una persona deposita su voto en una urna. También se construye cuando las comunidades se organizan, identifican sus necesidades, cuestionan las decisiones públicas y exigen que quienes aspiran a representarlas escuchen sus preocupaciones.

Los resultados preliminares ofrecen, además, una enseñanza para ambas fuerzas políticas. Los avances republicanos de 2024 no garantizaron una adhesión permanente de los territorios fronterizos. Pero tampoco los resultados favorables a los demócratas en 2026 significan que estos hayan recuperado definitivamente la confianza de sus habitantes. La lealtad electoral no puede darse por sentada, particularmente cuando las necesidades económicas y sociales permanecen sin resolverse.

Desde México, estos acontecimientos también merecen nuestra atención. San Luis Potosí, como otras entidades del país, mantiene una historia profundamente vinculada con la migración hacia Estados Unidos. Muchas familias han construido su patrimonio gracias al trabajo realizado del otro lado de la frontera, mientras otras conservan relaciones afectivas, económicas y culturales que atraviesan generaciones.

Por ello, las decisiones de los gobiernos estadounidenses no son asuntos completamente ajenos a nuestra realidad. Sus políticas migratorias, laborales y económicas pueden repercutir en las comunidades mexicanas de origen, en el envío de remesas, en las oportunidades de empleo y en las condiciones de vida de familias que mantienen vínculos con ambos países.

Sería igualmente importante que las autoridades mexicanas observaran estos procesos más allá de la coyuntura electoral. La defensa de los derechos de nuestros connacionales, la asistencia consular y la atención a las comunidades migrantes requieren políticas permanentes, no solamente declaraciones cuando ocurre una controversia internacional.

Los latinos abrazaron metafóricamente la franja fronteriza porque, en numerosos territorios, las urnas reflejaron una nueva distribución de las preferencias políticas. No significa que todos hayan votado de la misma manera ni que compartan idénticas razones. Significa que el comportamiento electoral de esas comunidades volvió a demostrar su capacidad para modificar el panorama político estadounidense.

Todavía será necesario estudiar con mayor profundidad los resultados definitivos, la participación de los distintos grupos de edad, las motivaciones individuales y la influencia de las campañas. Solo entonces podremos determinar si estamos frente a una reacción electoral circunstancial o ante una transformación política de mayor duración.

Lo que sí podemos advertir, a partir de los datos preliminares, es que ninguna fuerza política debería confundir una victoria con una autorización permanente para gobernar sin escuchar. Las preferencias electorales cambian, las circunstancias se transforman y los ciudadanos conservan el derecho de evaluar, cuestionar y modificar sus decisiones.

Porque una frontera puede dividir territorios, pero no debería borrar la dignidad de quienes la habitan. Y cuando sus comunidades participan en las urnas, corresponde a quienes gobiernan comprender sus necesidades, respetar sus derechos y responder con hechos a sus expectativas.

Al final, lo verdaderamente importante no es de qué color político se pintó la frontera, sino si quienes recibieron el respaldo ciudadano serán capaces de transformar los votos en mejores condiciones de vida. Porque los gobiernos pasan, las fronteras permanecen y la dignidad humana no debería depender de los resultados de una elección.

Y eso es… LO QUE VERDADERAMENTE IMPORTA.

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