Lo que verdaderamente importa
Cuando la tragedia deja de sorprendernos
Por Mtra. Fanny Elizabeth Omaña Castellanos
Periodista | Especialista en Derechos Humanos | Educadora
“Una sociedad no se mide por la magnitud de sus celebraciones, sino por la forma en que protege la vida de sus ciudadanos.”
Cinco familias jamás volverán a mirar un Mundial de la misma manera.
Mientras millones de personas salían a las calles con una camiseta verde, una bandera en las manos y la esperanza de celebrar un triunfo de la Selección Mexicana, cinco hogares comenzaron un duelo que no terminará cuando concluya el torneo. Para ellos no habrá ceremonia de clausura ni campeón que alivie su dolor. El Mundial quedará grabado como el día en que un ser querido salió a festejar… y nunca regresó.
Las autoridades informaron el fallecimiento de cinco personas en hechos relacionados con las celebraciones mundialistas en la Ciudad de México. En Baja California Sur, otro festejo terminó con un atropellamiento múltiple que dejó personas lesionadas y, posteriormente, la muerte del conductor involucrado tras ser agredido por la multitud. Las investigaciones continúan y serán las autoridades competentes quienes determinen las responsabilidades legales. Sin embargo, más allá de las resoluciones judiciales, estos hechos nos obligan a formular una pregunta ineludible: ¿pudieron prevenirse?
Esa pregunta constituye el punto de partida de toda sociedad que aspira a aprender de sus errores. La función de las instituciones no comienza cuando ocurre una tragedia; comienza mucho antes, cuando identifican riesgos, planifican, previenen y protegen la vida de las personas.
Con demasiada frecuencia escuchamos las mismas expresiones: “se investigará”, “se llegará hasta las últimas consecuencias”, “no habrá impunidad”. Son declaraciones necesarias, pero ya no suficientes. La ciudadanía ha aprendido, a fuerza de experiencias dolorosas, que entre una promesa y la justicia suele existir una distancia demasiado larga.
No afirmo que exista impunidad en estos casos. Sería irresponsable hacerlo mientras las investigaciones permanecen abiertas. Lo que sí afirmo es que la posibilidad de la impunidad comienza a construirse cuando las respuestas institucionales son tardías, cuando la prevención resulta insuficiente o cuando la rendición de cuentas termina diluyéndose con el paso del tiempo. La justicia exige hechos, no únicamente discursos.
México conoce demasiado bien esa sensación. La Guardería ABC continúa siendo una herida abierta para decenas de familias. Ayotzinapa sigue representando una deuda con la verdad. El colapso de la Línea 12 del Metro dejó al descubierto que las fallas institucionales pueden costar vidas. Cada uno de estos acontecimientos tiene causas distintas, responsables diferentes y contextos propios. Sin embargo, todos comparten una misma exigencia: conocer la verdad, garantizar la justicia y evitar que la historia vuelva a repetirse.
Lo verdaderamente preocupante no es que existan tragedias. Ningún país está exento de accidentes, errores humanos o hechos de violencia. Lo alarmante es que empecemos a considerarlos inevitables. Cuando la muerte deja de sorprendernos, el problema deja de estar únicamente en las calles; comienza a instalarse en nuestra conciencia colectiva.
Así se erosiona una democracia. No de un día para otro, sino lentamente. Primero dejamos de recordar los nombres de las víctimas. Después dejamos de exigir respuestas. Finalmente, terminamos convencidos de que las cosas simplemente son así. Y cuando eso ocurre, la resignación ocupa el lugar que debería pertenecer a la justicia.
El periodismo tiene una responsabilidad irrenunciable frente a esa realidad. No basta con informar cuántas personas murieron o cuántos días durará una investigación. La verdadera tarea consiste en formular las preguntas que otros prefieren evitar: ¿qué falló?, ¿quién debía actuar?, ¿qué decisiones se omitieron?, ¿qué cambios concretos impedirán que otra familia viva el mismo dolor? Informar describe los hechos; analizarlos contribuye a comprender la realidad y, con ello, a transformarla.
Pero esta responsabilidad no corresponde únicamente a las autoridades ni a los medios de comunicación. También nos pertenece como sociedad. No podemos exigir instituciones fuertes si renunciamos a nuestra capacidad de cuestionar, participar y exigir cuentas. La democracia no se sostiene solamente con leyes; se sostiene con ciudadanos que se niegan a aceptar la indiferencia como forma de gobierno.
Lo que verdaderamente importa
Lo que verdaderamente importa no es quién ganó un partido ni cuánto duró la celebración.
Lo que verdaderamente importa es que ninguna familia tenga que cambiar una bandera por un acta de defunción.
Lo que verdaderamente importa es que cada muerte sea investigada con rigor, que la verdad no se negocie, que las responsabilidades se determinen conforme a la ley y que las lecciones aprendidas se traduzcan en políticas públicas capaces de prevenir nuevas tragedias.
Las tragedias, por sí solas, no consolidan la impunidad. La impunidad comienza a consolidarse cuando dejamos de exigir respuestas, cuando las investigaciones se prolongan hasta el olvido y cuando, además, la rendición de cuentas se convierte en una promesa permanente en lugar de una obligación cumplida.
Porque una sociedad que deja de hacerse preguntas comienza a acostumbrarse a las respuestas equivocadas.
Por eso quiero cerrar esta primera entrega con una reflexión que deseo compartir con usted:
¿Qué estamos haciendo, como sociedad, para que la próxima tragedia no vuelva a convertirse en una noticia pasajera?
La respuesta empieza en las autoridades, pero no termina ahí. También nos corresponde a nosotros.
Porque el futuro no depende únicamente de las decisiones que tomen los gobiernos. También depende de las preguntas que la sociedad nunca deje de hacer. Mientras existan ciudadanos dispuestos a preguntar, siempre habrá esperanza de transformar la realidad.
Eso es lo que verdaderamente importa.
La conversación continúa…
Lo invito a pensar, dialogar y actuar.
Porque eso también es parte de Lo que verdaderamente importa.





