Las costosas trampas de la letra chiquita.

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CAMINANTE

Toño Martinez

Uno de los mejores negocios para empresas comerciales, bancos, casas de préstamos, hospitales o clínicas privadas, compañías de seguros y toda clase de negocios, que en contraparte son una sangría para el consumidor y generador de alteraciones emocionales es la letra chiquita en toda clase de compromisos de compra-venta.

Con una ley ambigua para proteger al usuario de contratos leoninos en contratos, que solo cuentan con el respaldo difuso de la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), la crisis económica actual está causando que muchas más personas caigan en la adquisición de insumos mediante contratos hechos en gran parte con condiciones ocultas a favor del oferente y que se esconden en las letras chiquitas y prácticamente difícil de leer sin saber que se los están llevando al baile.

A ello contribuye también la prisa y ansiedad de la gente por obtener dinero o un bien rápido y lo que menos importa es analizar el contenido de las hojas que firman.

Ignoran que el monto de un préstamo o de compras termina multiplicandose por tres o cuatro veces de lo acordado. Y si se retrasan en los abonos los intereses se los acaban. Estaba en la letra chiquita.

Cuando Jorge Terán Juárez fue Diputado Federal por el 4o. Distrito Electoral con asiento en Ciudad Valles, le plantee la sugerencia de revisar el uso de la letra chiquita en contratos por el daño a la gente; la idea le interesó y dijo que pondría a trabajar de inmediato a su equipo de asesores para diseñar un punto de acuerdo para elevar al Congreso.

Pero nada pasó, porque cuando lo consultó con la bancada del PRI, el coordinador que era Manlio Fabio Beltrones le dijo que no, después, y subiría a tribuna pero para proponer el cambio de la palabra sostenible por sustentable, le dieron el guión que leería. Ni comparación en cuanto a la importancia social de los temas.

La letra chiquita en contratos crediticios le da al otorgante el derecho no jurídico de modificar el documento sin aviso; aplicar tasas de interés variable y comisiones bancarias que no les dicen; intereses moratorios exagerados por incumplimiento en pagos semanales, quincenales o mensuales, multas y otros cargos.

La letra chiquita fue un ingrediente terrible cuando estalló la crisis económica de 1994 al finalizar el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y comienzo del gobierno de Ernesto Cedillo al devaluar el peso, porque millones de créditos individuales y de personas morales estaban contratados llenos de letras chiquitas que evadían responsabilidades para bancos, con la depreciación del dinero miles de empresas quebraron e infinidad de ciudadanos perdieron sus casas y propiedades al no poder pagar y hasta suicidios provocó. Fue entonces que surgió el movimiento de El Barzón para defender a la gente.

Pero ni las tragedias ni las lecciones catastróficas ni las abundantes quejas ante CONDUSEF mueven al Poder Legislativo para regular o modificar las letras chiquitas de contratos; les importan más los pleitos políticos que los beneficios para los mexicanos.

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