Calendario de Grupo crónicas familiares del siglo XX–

9
Tomado de la red.
-¡Mira, mamá!, ¡me dieron este calendario, en la tienda!, con emoción, le digo mi madre, ese diciembre de 1969.
Ella, de inmediato, toma aquel regalo, y lo mira con detenimiento.
-Es una imagen navideña, del nacimiento del niño Jesús, me dice.
Después, toma un clavo, lo incrusta en la pared, y cuelga el calendario,… junto a otros dos, que nos dieron, en la carnicería y en la verdulería.
¡Se ven hermosas, las imágenes, que ilustran cada calendario!
Una, tiene, la imagen de los tres Reyes Magos, atravesando, de noche el desierto, siguiendo una estrella, que brilla, en lo alto del cielo.
El otro, unas esferas, de color rojo, con un moño de un tono dorado, y tres velas encendidas, con muchas chispitas doradas, como estrellitas, alrededor de ellas.
Bajo la imagen, con letras de distintos tamaños, dice:
Tienda de Abarrotes “El chino”, le desea a su amable clientela una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 1970.
Más abajo, hay seis hojas engrapadas, en las cuales están impresos, los meses del año, de dos en dos.
En todos los meses, aparecen las cuatro fases de la luna: luna llena, cuarto menguante, luna nueva, cuarto creciente.
Y, las semanas, empiezan, por el domingo, y, terminan, con el sábado.
Con color rojo, aparecen, las fechas de las fiestas litúrgicas, y otros eventos.
Maravillosos recuerdos de aquellos calendarios, que, al iniciar el siguiente año civil,… eran desechados, a la basura.
Solo, se alcanzaba a conservar, las imágenes más bonitas, para decorar, nuestro sencillo cuarto.
Pero, hay un calendario, que no se deshecha, sino, que, a diario, se suma a los días vividos, y su imagen se va modificando, por el peso de los años, y de los sentimientos.
Este calendario, deambula, por doquiera que caminamos.
Durante la juventud, cuando lo miramos, nos emociona su imagen.
Mas, a medida que crecemos, los días acumulados, hacen más pesada la imagen, deformada por los eventos, que sufrimos, y, gozamos, en nuestro diario vivir.
Todos, tenemos, ese calendario.
Se llama rostro.
Cuando somos jóvenes, lo vemos en el espejo, y contemplamos, la lozanía y la alegría de vivir, para conocer mundo. Su imagen, hace que los ojos brillen, ante la emoción de la aventura. La mirada, se entorna, al sentir el romance
De ancianos, los días, se acumulan en los pómulos, en las mejillas. El tiempo, se reúne, sin marcharse, en la frente, en la mirada.
Como la anciana, que abre su ventana, cada mañana, para que entre la luz del sol, que abre su corazón, a la esperanza de ver, a sus hijos ausentes, y, segura está, que algún día volverán a abrazarla, y abre la puerta de su casa, para entren, de prisa, y,… no se vayan más. Y, al anochecer, cierra ventana y puerta, ante la ausencia, de quienes ama. Pero, su corazón, siempre queda abierto, pues la esperanza, fiel compañera, permanece, con ella, hasta el final,… de su existencia.
Cada rostro, es un calendario. Cada arruga un recuerdo. Cada, mirada, un sentimiento.
Este, nuestro personal calendario, nos acompaña siempre.
Te invito, a que te mires en el espejo. Y, observes, tu calendario, tu rostro.
Descubrirás, emociones vividas, alegrías disfrutadas, y, la esperanza, de un día más, de gozarte de tu presencia.
La edad cronológica, solo es un registro, basado en las matemáticas.
Mas, la edad real, se basa en las emociones vividas.
Hay niños, que piensan como adultos, y, hay ancianos que se divierten,… como niños.
Sonríe, eres parte muy importante, de la historia de la humanidad, y, Dios, te creó, con mucho amor.
El Arcón de los Abuelos Víctor Manuel Espinoza