Don Lalo, el Rey de los Zopilotes y la muerte de Gume.

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Toño Martinez

-Don Lalo aj aj aj Don Lalo! dice mi mamá que aj aj que si que si le puede regalar un zopilote …es que al Gume lo mordió un perro con rabia y le dijo doña Trini que le diera caldo de zopilote con cebolla y ajos para que se cure… está temblando mucho y no quiere tomar agua porque la devuelve-.

Melesio ell chiquillo, hermano del Gume, que tendría unos 7 años bajaba corriendo y jadeando por un sendero del barranco del rio “Valles” en cuya corriente estaba un hombre de sombrero, camisa de manta y pantalones arremangados hasta las rodillas que tallaba una piel de res sobre una piedra para quitarle los pellejos rodeado de zopilotes que devoraban los trozos de carne que caian al agua.

Los pies del pequeño sangraban por las cortadas que le provocaban el filoso choy pero parecía no importarle

-¿Que dices chiquillo?, que te dé un zopilote, ni que fueran mios-

-Como no Don Lalo gritaba Melesio. Todos sabemos que usted es el Rey de los Zopilotes; mire cuantos tiene alrededor.

Eulalio suspendió su trabajo, miró a las aves negras que se alimentaban con los pellejos y se dijo : “con que el Rey de los Zopilotes”.

-Por favor Don Lalo, rápido porque no quiero que se muera mi hermano – lo urgió el muchacho-. El hombre se había acostumbrado a las aves carroñeras y se resistía a atrapar a una. Pero pensó que si de veras podria salvar al Gume … se acercó al mas próximo, lo tomo por el cuello, lo retorció y cuando ya no aleteaba se lo arrojo al niño. Este lo tomó y subió el barranco a toda prisa hasta perderse.

En la casa de sus padres Gume estaba tendido sobre un petate entre estertores y su papá Jonas se esforzaba por controlarlo mientras lo humedecía con lienzos para intentar bajar la intensa fiebre que es un síntoma del virus de la hidrofobia en proceso de incubación.

Melesio llegó al patio de su casa donde la mamá estaba en cuclillas junto a un fogón donde cocinaba.
Amaaa ahí está el zopilote. La mujer se quitó el rebozo de la cara, puso agua a calentar para quitarle las plumas y avivó los leños encendidos .
Luego abrió el ave a la mitad con un machete y las echó a un jarro con cebollas y ajos.

Cuando estuvo listo el caldo de un tono amarillo y espeso lo puso a enfriar y aún tibio se lo llevó al Jonas. Este levantó la cabeza de Gume para darle el caldo pero la tenía trabada. Un vecino se acercó y colocó un pedazo de palo entre los dientes del muchacho para vaciar la poción directamente a la garganta.

Cerca de las dos de la madrugada Gume se tranquilizó, la fiebre y espasmos cedieron y entró en profundo sueño.

Toda la noche se habían reunido vecinas para orar y rezar el Santo Rosario para pedir a Dios por la salud del muchacho. Una de ellas observó un extraño movimiento debajo de la sabana de Gume; aquello parecía desplazarse por el cuerpo.

Lo siguió con la mirada y vio como por una orilla de la sabana surgía un alacrán color amarillo de tenazas largas, que parecia tener doble aguijón.

La mujer se quitó una chancla y lo aplastó.

Una hora después Jonas entro para ver a Gume; le tocó la frente y notó la piel fría. En un lado del cuello tenia una roncha de color rojo con un punto negro en el centro. El muchacho había muerto.

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