Toño Martínez
Ningún proyecto político que se funde en una venganza tendrá buen fin y Gerardo Sánchez Zumaya lo entendió demasiado tarde cuando tras gastar millones de pesos en pasearse por las cuatro regiones del estado en busca de apoyos y conseguido su registro como abanderado del Partido del Trabajo,
renunció “por razones personales”.
En ese entonces Sánchez Zumaya confió en que sus socio-amigos en negocios, los López Beltrán, le pavimentarían el acceso a la candidatura y secundarían sus bravatas contra Gallardo Cardona pero muy pronto descubrió que a ellos solo les interesan ellos, nada más.
Buscó el acercamiento con MORENA y tampoco fue tomado en cuenta.
Su dinero le permitió sostener con alfileres su plan tan hueco en contenido social y por eso, ni siquiera su intento por despertar un sentimiento regionalista al auto nombrarse “El Huasteco” movió apoyos en la Huasteca, a excepción de un grupo de aventureros que lo rodearon para alabarlo y sacar tajada
El peso de su fragilidad y desconocimiento político provocó lo inevitable y se fue; es posible que regrese a Tabasco para retomar sus lazos comerciales con PEMEX o se dedique a cuidar sus huertas de frutos rojos.
Ahora bien, Gerardo Sánchez Zumaya fue víctima de la soberbia pero si rectifica el rumbo y se olvida de venganzas para pensar en que la política no es para vanagloria personal sino para buscar la superación del pueblo, tiene juventud y dinero para prepararse y tal vez en el futuro pueda dar la sorpresa.



